Me encanta esta rutina de Buster. Es la típica rutina que va in crescendo, un gag te lleva a otro en un ritmo constante de forma natural, casi ni te enteras, y de repente te estalla la risa. Keaton, era el maestro de este tipo de escenas; algunos de sus cortos mudos ni siquiera tienen argumento, es un dejarse llevar de situación a situación, pienso por ejemplo en Pamplinas nació el día 13, empieza con Buster intentando suicidarse, luego va de pesca, luego lo contratan para cazar un armadillo y acaba defendiendo un club de vacaciones de unos mafiosos malvados. Esto en otro cómico de la época, por ejemplo Larry Semon, sería un continuo saltar de gag en gag, pero en Buster siempre hay un algo (se llama construcción, creo) que te hace pensar que el absurdo es natural, que el surrealismo no es forzado y que pasa porque tiene que pasar.
Esta rutina que a mí me gusta tanto, es parte de la película Pest in West, de 1939. Es la primera que hizo en los estudios Columbia, y según dicen los expertos, la mejor. La Columbia estaba especializada en cortos cómicos que se hacían en cadena, muy rápidamente y de forma muy barata, el tipo de humor que se llevaba allí era violento y a veces más basado en el subrayado sonoro de los gags que en el gag en sí (sólo hay que ver cualquier corto de los Tres Chiflados) Buster no lo pasó bien en este estudio, el ritmo de producción no le dejaba preparar su trabajo como a él le gustaba, con el tiempo habló muy mal de estas películas, pero pudo darnos en ellas algunas joyas como esta que estamos viendo.
La mayoría de los libros de historia se equivocan con Buster, no fue ni el alcohol ni el sonoro lo que acabó con su carrera. Él seguía siendo el mejor constructor de gags de la historia de la comedia, como en sus películas, era el mundo que había a su alrededor lo que empeoraba, no él. Siguió creando gags tanto para otros cómicos como para sí mismo, y trabajó en lo que más le gustaba hasta el día de su muerte. Igual soy yo, pero yo no creo que eso sea estar acabado, eso es sobrevivir, lo cual en Buster era tan natural como el triunfo.




